La apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno fue dominada por el poco habitual marco político en el que las autoridades de Corea del Sur y del Norte tuvieron un acercamiento histórico, después de años de tensiones por el desarrollo nuclear del régimen comunista que lidera Kim Jong Un y que tiene al mundo bajo amenaza.

En el palco oficial coincidieron el presidente surcoreano Moon Jae-in con el jefe de Estado (en la práctica, presidente de la Asamblea Suprema del Pueblo de Corea del Norte) norcoreano Kim Yong Nam, a cargo de la delegación cuya máxima figura es en realidad Kim Yo Jong, hermana del dictador.

La “princesa Yo Jong” es una de las figuras en ascenso en el entramado familiar que maneja el país asiático. Jong-un es el nieto del fundador del país, Kim Il-sun, e hijo de su sucesor, Kim Jong-il.

Este último, también padre de Yo Jong, es quien solía llamarla “princesa” o “sol” a la pequeña, que al igual que su hermano dictador se fue a estudiar a Suiza antes de regresar a ocupar cargos ejecutivos en su país.

La distensión entre las dos Coreas en el marco de los Juegos Olímpicos ha sido observada con frialdad por Estados Unidos y Japón, que están bajo amenaza constante por el desarrollo nuclear norcoreano.

Mientras el vicepresidente Mike Pence decidió no asistir a la cena de inauguración de los Juegos, el premier japonés llamó a las autoridades surcoreanas a no dejarse engañar por “la diplomacia de las sonrisas” que practican los enviados del régimen a los Juegos.

La visita oficial de Yo Jong y Yong Nam está prevista para tres días, que se iniciaron este viernes con su llegada al aeropuerto de Incheon y su asistencia a los actos de inauguración de los Juegos.

La hermana del líder norcoreano es la primer miembro de la dinastía reinante en el Norte en pisar suelo surcoreano desde el final de la guerra de Corea.

Otro de los momentos importantes fue el desfile del equipo unificado de los dos países de la península coreana, que ya había estado juntos en otros eventos y utilizaron la misma bandera: fondo blanco y el mapa en azul en el centro.

Además de la delegación deportiva, el régimen de Kim Jong-un envió a Corea del Sur más de 200 animadoras, un equipo conocido como “el ejército de bellezas” del dictador.

En otras ediciones, Ri Sol-ju -actual esposa de Kim Jong-un- fue parte del grupo de elegantes señoritas que asistirán a los eventos deportivos.