Astrónomos alrededor del mundo han criticado a una empresa espacial privada con sede en Nueva Zelanda tras lanzar secretamente un gran objeto similar a una bola de espejos al espacio.

El domingo pasado, la startup de California Rocket Lab generó conmoción a través de Nueva Zelanda cuando anunció el exitoso lanzamiento de Electron, un sistema de lanzamiento desechable que cargaba tres satélites: uno para tomar imágenes de la Tierra para la empresa estadounidense Planet Labs, y dos para capturar datos meteorológicos y de seguimiento de buques para Spire Global.

Sin embargo, aunque el evento fue descrito por el fundador y director ejecutivo de la empresa, Peter Beck, como un paso “casi sin precedentes” en la exploración del espacio comercial, desde entonces ha surgido que además de satélites convencionales el cohete también cargaba consigo al “Humanity Star” (Estrella de la Humanidad), una esfera geodésica de casi un metro de ancho fabricada en fibra de carbono y equipada con 65 paneles altamente reflectantes.

La esfera, asegura Beck, reflejará los rayos del sol de vuelta a la Tierra y creará en el proceso una luz destellante visible desde cualquier parte del globo. De este modo, se convertirá en el objeto más brillante del cielo nocturno durante nueve meses hasta que regrese a la atmósfera.

En un comunicado, Rocket Lab dijo que Humanity Star será un “recordatorio para todos en la Tierra de nuestro frágil lugar en el universo”.

Por su parte, Beck dijo que la esfera “crearía una experiencia compartida para todos en el planeta”.

Críticas de los astrónomos

No obstante, varios astrofísicos se han pronunciado en contra de la iniciativa. En declaraciones al periódico británico The Guardian, Richard Easther, de la Universidad de Auckland, dijo que Rocket Lab pudo haber inadvertidamente afectado el trabajo de muchos en su profesión debido a la contaminación lumínica.

“Este caso no será un gran problema, pero la idea de que se convierta en un fenómeno común, especialmente a mayor escala, sacaría a los astrónomos a la calle”, dijo Easther.

“Puedo entender la exuberancia de este tipo de cosas, pero también tengo la sensación de que no se dieron cuenta de que la gente podía ver un inconveniente al hecho”.

Otros, como Mike Brown del Instituto Tecnológico de California, fueron menos diplomáticos. “Wow. Graffiti espacial intencionalmente brillante a largo plazo. Muchas gracias, @RocketLab”, escribió el astrónomo en su cuenta de Twitter.

La estrella representa “otra invasión a mi universo personal, otro ítem ostentoso que ruega ser visto”, escribió Caleb Scharf, director de astrobiología de la Universidad de Columbia, en la revista Scientific American.

“La mayoría de nosotros no pensaríamos que sería agradable si yo pusiera una gran luz estroboscópica parpadeante en un oso polar, o si pusiera el eslogan de mi compañía en los peligrosos rincones del Everest”, agregó Scharf.

“Introducir una esfera brillantemente luminosa en el cielo se siente igualmente abusivo. Definitivamente es un recordatorio de nuestro frágil lugar en el universo, porque está infestando la mismísima cosa que necesitamos apreciar urgentemente”, sentenció.